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martes, 3 de noviembre de 2026

¿Por qu茅 vivimos 40 a帽os m谩s que en 1900?

En 1900, la esperanza de vida mundial rondaba los 31 a 33 a帽os. Hoy, en 2026, se estima en 73,8 a帽os: vivimos, en promedio, m谩s de 40 a帽os m谩s. Pero hay algo importante que aclarar: esto no significa que en 1900 todos murieran a los 33 a帽os. La mortalidad infantil era muy elevada y hac铆a bajar mucho el promedio; quienes superaban la infancia pod铆an alcanzar edades bastante mayores. La enorme reducci贸n de esas muertes tempranas, junto con el agua potable, el saneamiento, las vacunas, los antibi贸ticos, una mejor alimentaci贸n y los avances m茅dicos, ayud贸 a cambiar la historia. Y esa conquista no se reparte de la misma manera en todos los pa铆ses.

Seg煤n las estimaciones de Naciones Unidas para 2026, publicadas por Worldometer, M贸naco encabeza el ranking con 86,73 a帽os de esperanza de vida, seguido por San Marino (86,03), Hong Kong (85,90) y Jap贸n (85,15). Suiza alcanza 84,37 a帽os; Italia, 84,18; y Espa帽a, 84,08. En el otro extremo aparecen Nigeria (54,95), Chad (55,58), Sud谩n del Sur (57,97) y Rep煤blica Centroafricana (58,15). Entre M贸naco y Nigeria hay casi 32 a帽os de diferencia. No es una brecha gen茅tica: habla de realidades sociales y sanitarias muy distintas.

La esperanza de vida al nacer es un promedio calculado a partir de las tasas de mortalidad de cada edad; no significa que todas las personas mueran a esa edad. Las diferencias entre pa铆ses reflejan, entre otras cosas, el acceso a la atenci贸n maternoinfantil, la alimentaci贸n, el agua segura, la educaci贸n, la seguridad y los tratamientos m茅dicos. El gr谩fico que sigue presenta los valores estimados para 2026.

Argentina alcanza una esperanza de vida estimada de 77,83 a帽os en 2026, frente a los 73,8 a帽os del promedio mundial. Estamos por encima de ese promedio, aunque lejos de los pa铆ses m谩s longevos. Y la comparaci贸n deja una ense帽anza: no alcanza con inventar tecnolog铆as m茅dicas; tambi茅n importa que las condiciones para vivir bien lleguen a toda la poblaci贸n.

Gr谩fico del art铆culo sobre esperanza de vida

Desde el primer estetoscopio hasta las tecnolog铆as m谩s sofisticadas, la medicina fue ganando herramientas para extender nuestra vida. Pero no todo se explica por los grandes inventos: tambi茅n import贸 que esas herramientas llegaran a m谩s personas.

Dentro de ese gran paraguas hay algunos protagonistas que vale la pena recordar:

— Las vacunas. Desde la viruela hasta el sarampi贸n, la polio o el t茅tanos, evitaron enfermedades que antes arrasaban poblaciones enteras. Un an谩lisis publicado en The Lancet estim贸 que la vacunaci贸n infantil salv贸 154 millones de vidas entre 1974 y 2024.

— Las vacunas contra el COVID-19. Su aporte a la supervivencia fue especialmente importante entre los adultos mayores. Un estudio publicado en JAMA Health Forum (2025) estim贸 que la vacunaci贸n evit贸 alrededor de 2,5 millones de muertes y permiti贸 ganar 14,8 millones de a帽os de vida en el mundo entre 2020 y 2024. Aproximadamente el 90 % de las muertes evitadas correspondi贸 a personas de 60 a帽os o m谩s. Son resultados de un modelo cient铆fico, no un recuento directo. La recuperaci贸n posterior a 2021 no se explica por una sola causa, pero la vacunaci贸n fue una herramienta importante para reducir el impacto de la pandemia.

La pandemia tambi茅n se reflej贸 en la esperanza de vida. En Argentina, el promedio baj贸 de 76,8 a帽os en 2019 a 73,9 en 2021. Despu茅s remont贸: 75,8 en 2022, 77,4 en 2023 y 77,5 en 2024. La vacunaci贸n contra el COVID-19 contribuy贸 a reducir las muertes, especialmente entre los adultos mayores. El gr谩fico permite ver la ca铆da durante la pandemia y la recuperaci贸n posterior.

Gr谩fico del art铆culo sobre esperanza de vida

— La penicilina. Descubierta por Alexander Fleming en 1928, abri贸 la era de los antibi贸ticos. Infecciones que pod铆an ser una sentencia de muerte empezaron a tener tratamiento.

— La cirug铆a segura, la anestesia, los trasplantes y las terapias intensivas. A eso se sumaron los tratamientos para enfermedades cr贸nicas, como la hipertensi贸n, la diabetes o el VIH. La medicina no solo logr贸 salvar vidas: tambi茅n permiti贸 vivir m谩s tiempo con enfermedades que antes eran mortales.

-El bypass coronario, desarrollado por el doctor Ren茅 Favaloro en 1967, revolucion贸 la cirug铆a cardiovascular al ofrecer una soluci贸n eficaz para los pacientes con arterias coronarias obstruidas. Consiste en crear un “puente” con una vena o arteria —generalmente la safena o la mamaria interna— para desviar el flujo sangu铆neo y restaurar el riego del coraz贸n. Esta t茅cnica no solo prolong贸 la vida de millones de personas en todo el mundo, sino que tambi茅n marc贸 un hito en la medicina moderna, consolidando a Favaloro como un s铆mbolo de innovaci贸n, 茅tica y compromiso con la salud p煤blica.

-Otro hito en la medicina fueron los stents, desarrollados a fines de la d茅cada de 1980 como una evoluci贸n de la angioplastia coronaria, con el objetivo de mantener las arterias abiertas despu茅s de eliminar una obstrucci贸n. Su creaci贸n se atribuye principalmente al cardi贸logo argentino Julio Palmaz y al radi贸logo estadounidense Richard Schatz, quienes dise帽aron el primer stent met谩lico expandible, conocido como stentPalmaz-Schatz. Su implementaci贸n redujo dr谩sticamente la necesidad de cirug铆as a coraz贸n abierto.

La medicina moderna no solo cur贸: empez贸 a prevenir, a acompa帽ar y a dar respuestas donde antes hab铆a resignaci贸n. Pero hubo otros cambios, menos espectaculares y tan decisivos como una operaci贸n.

Durante el siglo XX, muchos pa铆ses desarrollaron sistemas de protecci贸n social: jubilaciones, licencias por enfermedad, acceso a medicamentos y cobertura sanitaria. Cuando enfermarse o envejecer dej贸 de significar quedar completamente desprotegido, la salud de las poblaciones mejor贸.

Tambi茅n cambi贸 el trabajo. Las jornadas interminables fueron dando lugar, aunque de manera desigual, a descansos, derechos laborales y mejores condiciones. El cuerpo necesita recuperarse: no est谩 hecho para el agotamiento permanente.

La urbanizaci贸n acerc贸 hospitales, electricidad, transporte, vacunatorios y saneamiento. Claro que las ciudades trajeron problemas nuevos, pero los servicios b谩sicos cambiaron la vida de millones de personas.

Gr谩fico del art铆culo sobre esperanza de vida

Y ah铆 aparece una paradoja: la misma ciudad que nos acerca a un hospital puede exponernos a contaminaci贸n, ruido, estr茅s y falta de espacios verdes. El entorno sigue influyendo sobre nuestra salud, tanto como lo hac铆a hace cien a帽os.

Vivir m谩s no fue cuesti贸n de suerte. Fue el resultado de ciencia, decisiones pol铆ticas, educaci贸n, cooperaci贸n y cambios culturales. Y, sin embargo, esa conquista est谩 muy lejos de repartirse por igual.

Basta mirar el mapa para encontrar una pregunta inc贸moda: ¿por qu茅 el lugar donde nacemos puede cambiar tanto la cantidad de a帽os que esperamos vivir?

Hoy tenemos nuevos desaf铆os: contaminaci贸n, cambio clim谩tico, alimentos ultraprocesados, sedentarismo y una tecnolog铆a que nos conecta, pero tambi茅n puede agotarnos.

Pasamos muchas horas frente a pantallas. Dormimos menos, nos movemos menos y a veces nos cuesta encontrar momentos de silencio o v铆nculos reales. La salud mental y la calidad del entorno tambi茅n forman parte de la longevidad.

Por supuesto, nuestros genes importan. Pueden predisponernos a ciertas enfermedades, pero no escriben por s铆 solos toda nuestra historia. El contexto y nuestras decisiones tambi茅n cuentan.

En este siglo se suma otra herramienta: la inteligencia artificial. Ya ayuda a analizar im谩genes, detectar patrones de riesgo y orientar diagn贸sticos. Su promesa es anticiparse a los problemas, aunque todav铆a necesita evaluaci贸n cient铆fica, profesionales responsables y acceso equitativo.

Sin embargo, ninguna innovaci贸n reemplaza lo esencial: moverse, comer adecuadamente, dormir bien, cuidar los v铆nculos y aprender a gestionar el estr茅s. Son h谩bitos sencillos de enunciar, aunque no siempre f谩ciles de sostener.

Gr谩fico del art铆culo sobre esperanza de vida

Despu茅s de recorrer un siglo de avances, la pregunta deja de ser solamente cu谩nto podemos vivir. Tambi茅n importa c贸mo llegamos a esos a帽os: si podemos caminar, subir escaleras, jugar, viajar o levantarnos de una silla sin depender de otros. La salud no es solo ausencia de enfermedad: es la capacidad de responder a las exigencias de la vida.

Esa capacidad tiene un nombre: reserva funcional. Y hay algo alentador: podemos trabajar para conservarla. Los genes proponen, pero el contexto —y buena parte de lo que hacemos cada d铆a— tambi茅n dispone.

Fuentes (noviembre de 2026): Worldometer, «Esperanza de vida por pa铆s y en el mundo (2026)», con estimaciones de la Divisi贸n de Poblaci贸n de Naciones Unidas (https://www.worldometers.info/es/demografia/esperanza-de-vida/). INDEC, «Dosier estad铆stico. Personas mayores 2026», en particular las series hist贸ricas por sexo 1880–2019 (https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/poblacion/dosier_personas_mayores_2026.pdf). Banco Mundial, serie hist贸rica de Argentina 2019–2024 para el gr谩fico de la pandemia. Las cifras de 2026 son estimaciones, no resultados definitivos.