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jueves, 17 de septiembre de 2026

¿Correr desgasta las rodillas? Qu茅 dice realmente la ciencia

Durante a帽os se instal贸 la idea de que correr, por tratarse de una actividad de impacto, termina inevitablemente “desgastando” las articulaciones. La explicaci贸n parece intuitiva: si en cada paso la rodilla recibe una carga, miles y miles de impactos deber铆an deteriorarla con el tiempo. Sin embargo, cuando se analiza la evidencia cient铆fica, la relaci贸n entre running y artrosis resulta bastante m谩s compleja.



Una revisi贸n sistem谩tica publicada en 2023 por Dhillon y colaboradores reuni贸 17 estudios que incluyeron 7.194 corredores y 6.947 no corredores. Los investigadores analizaron radiograf铆as, resonancias magn茅ticas y s铆ntomas cl铆nicos. En conjunto, no encontraron diferencias significativas entre corredores y no corredores en distintos indicadores radiol贸gicos de artrosis ni en el espesor del cart铆lago. De hecho, el dolor de rodilla fue m谩s frecuente entre quienes no corr铆an. Los autores concluyeron que, al menos en el seguimiento disponible, correr no se asociaba con un empeoramiento de los signos cl铆nicos o radiol贸gicos de artrosis de rodilla.


¿Y qu茅 pasa cuando aumentamos los kil贸metros?

Esta es probablemente una de las preguntas m谩s interesantes. ¿Existe un punto a partir del cual acumular kil贸metros empieza a deteriorar la articulaci贸n?

Burfield, Sayers y Buhmann, en una revisi贸n sistem谩tica y metaan谩lisis publicada en Physical Therapy in Sport en 2023, analizaron la relaci贸n entre el volumen semanal de running y la prevalencia de artrosis de rodilla. Los corredores fueron clasificados seg煤n diferentes vol煤menes semanales, incluyendo un grupo que superaba los 48 kil贸metros por semana. El an谩lisis no encontr贸 una prevalencia significativamente mayor de artrosis de rodilla en los grupos que acumulaban m谩s kil贸metros respecto de los controles. Los propios investigadores, sin embargo, se帽alan que hacen falta grandes estudios prospectivos para comprender mejor la relaci贸n entre volumen y artrosis a largo plazo.



Esto es importante: no podemos concluir que cuantos m谩s kil贸metros corramos, mejor, pero tampoco parece correcto asumir que acumular kil贸metros conduce inevitablemente a la artrosis.

La dosis parece importar

Uno de los trabajos m谩s interesantes para entender esta relaci贸n fue el metaan谩lisis de Alentorn-Geli y colaboradores, publicado en Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy. Incluy贸 25 estudios y 125.810 personas.

Los resultados llaman la atenci贸n: la prevalencia de artrosis de cadera o rodilla fue de aproximadamente 3,5% entre los corredores recreativos, frente al 10,2% en el grupo control y al 13,3% entre corredores competitivos.

Estos n煤meros no significan que correr de manera recreativa prevenga necesariamente la artrosis ni que el running competitivo la provoque. Una asociaci贸n no demuestra causa y efecto. Los propios autores se帽alan que pueden intervenir otros factores, entre ellos las lesiones previas, y que no pudieron establecer causalidad.



Pero s铆 dejan un concepto interesante: la relaci贸n entre ejercicio y salud articular no parece responder a una l贸gica lineal de “m谩s impacto = m谩s desgaste”.

El cuerpo no es una m谩quina que simplemente se desgasta

Una de las claves est谩 en comprender que los tejidos biol贸gicos son capaces de responder a los est铆mulos que reciben.

Huesos, m煤sculos, tendones y las distintas estructuras articulares est谩n sometidos constantemente a fuerzas mec谩nicas. La respuesta depende, entre otras cosas, de la magnitud, direcci贸n y duraci贸n de esas fuerzas, as铆 como de caracter铆sticas propias de cada persona y del entrenamiento. La literatura sobre running y artrosis justamente plantea una relaci贸n dependiente de m煤ltiples factores y no simplemente del n煤mero de impactos acumulados.

Por eso, una frase sencilla puede ayudar a entenderlo:

Carga no es necesariamente da帽o.

Una carga adecuada puede constituir un est铆mulo al cual el organismo responde. El problema puede aparecer cuando la carga supera la capacidad de adaptaci贸n y recuperaci贸n del tejido, especialmente frente a aumentos bruscos del volumen o de la intensidad, lesiones previas u otros factores individuales.

Entonces, ¿correr hace bien o hace mal para las articulaciones?

Probablemente esa no sea la mejor pregunta.

La evidencia disponible permite afirmar con bastante tranquilidad que el running recreativo no se asocia, en general, con una mayor prevalencia de artrosis de rodilla. Al mismo tiempo, existen datos que justifican ser m谩s prudentes cuando hablamos de running competitivo, exposiciones muy prolongadas y cargas elevadas.

Por eso, m谩s que demonizar el impacto, hay que prestar atenci贸n a la dosis y a la progresi贸n del entrenamiento.

Aumentar los kil贸metros y la intensidad de manera gradual, respetar los tiempos de recuperaci贸n y contemplar antecedentes de lesiones permite individualizar mejor las cargas. Cuando existen molestias, lesiones previas o dificultades recurrentes, una evaluaci贸n cl铆nica y, cuando corresponda, de la mec谩nica de carrera puede aportar informaci贸n 煤til para orientar el entrenamiento.

En definitiva, no se trata solamente de cu谩nto corr茅s.

Se trata de c贸mo corr茅s, c贸mo progres谩s y c贸mo te recuper谩s.

Porque cuando hablamos de ejercicio y adaptaci贸n, muchas veces la clave est谩 en encontrar la dosis justa.

Estudios citados

  • Dhillon J. et al. (2023). Effects of Running on the Development of Knee Osteoarthritis: An Updated Systematic Review at Short-Term Follow-up. Orthopaedic Journal of Sports Medicine. Ver estudio
  • Burfield M., Sayers M., Buhmann R. (2023). The association between running volume and knee osteoarthritis prevalence: A systematic review and meta-analysis. Physical Therapy in Sport. Ver estudio
  • Alentorn-Geli E. et al. (2017). The Association of Recreational and Competitive Running With Hip and Knee Osteoarthritis: A Systematic Review and Meta-analysis. Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy. Ver estudio

jueves, 10 de septiembre de 2026

Reserva funcional y fragilidad

Si hay un concepto que permite entender la salud en profundidad, ese es la reserva funcional. Sin embargo, para dimensionar realmente su importancia, no alcanza con definirla: es necesario comprender c贸mo se construye, c贸mo se pierde y qu茅 sucede cuando ese margen comienza a reducirse.


La reserva funcional es, en esencia, la capacidad del organismo para responder ante una demanda. Es el margen de maniobra que tiene el cuerpo entre lo m铆nimo necesario para sostener la vida cotidiana y el m谩ximo rendimiento que puede desplegar cuando se lo exige. Ese “espacio disponible” es lo que permite adaptarse, recuperarse y sostener el equilibrio frente a los cambios. En t茅rminos pr谩cticos, no es lo mismo poder realizar una actividad que tener suficiente capacidad para hacerla sin que eso comprometa al sistema. Esa diferencia, muchas veces invisible, es la que define la resiliencia biol贸gica.

Podemos pensarlo de manera concreta: levantarse de una silla, subir una escalera o caminar algunas cuadras requieren un nivel b谩sico de funci贸n. Pero correr, reaccionar ante un tropiezo, recuperarse de una enfermedad o tolerar una cirug铆a implican un nivel superior de exigencia. La diferencia entre poder responder o no ante esas situaciones depende, en gran medida, de la reserva funcional disponible.


 

La l贸gica de la reserva: cu谩nto margen tiene el sistema

Una forma clara de entender este concepto es imaginar un tanque de nafta. El funcionamiento cotidiano del cuerpo —respirar, caminar, pensar, mantener la postura— consume una cantidad m铆nima de energ铆a que podr铆amos considerar el “consumo basal”. Sin embargo, la vida real no ocurre en reposo. Constantemente aparecen demandas adicionales: una infecci贸n, una lesi贸n, una noche sin dormir, una situaci贸n de estr茅s o incluso un cambio emocional. Cada uno de estos est铆mulos exige al organismo un esfuerzo extra.

Cuando el tanque est谩 lleno, esas demandas se absorben sin mayores consecuencias. El sistema responde, se adapta y vuelve al equilibrio. Pero cuando el nivel de reserva es bajo, cualquier exigencia adicional puede generar una falla. No porque el est铆mulo sea extraordinario, sino porque el margen es insuficiente. En la pr谩ctica cl铆nica, esto se observa con frecuencia: no es el evento en s铆 lo que desestabiliza al organismo, sino la falta de recursos para afrontarlo.


 

El subibaja biol贸gico: reserva funcional y fragilidad

La relaci贸n entre reserva funcional y fragilidad puede entenderse como un subibaja din谩mico. A medida que la reserva funcional aumenta, la fragilidad disminuye; cuando la reserva se reduce, la fragilidad aumenta. No se trata de procesos independientes, sino de dos expresiones de un mismo sistema.

En un extremo del subibaja se encuentra un organismo con alta capacidad de adaptaci贸n, caracterizado por buena fuerza muscular, adecuada capacidad aer贸bica, equilibrio, coordinaci贸n y estabilidad neuroendocrina. En el otro extremo aparece un sistema con menor capacidad de respuesta, con p茅rdida de fuerza, menor resistencia, alteraciones del equilibrio, mayor vulnerabilidad al estr茅s y menor capacidad de recuperaci贸n.

La fragilidad no es simplemente “estar d茅bil” ni puede reducirse a una cuesti贸n de edad. Es un estado fisiol贸gico en el que el organismo pierde margen de respuesta y se vuelve m谩s vulnerable frente a factores de estr茅s, tal como lo describe el fenotipo de fragilidad de Fried et al. (2001). En algunos contextos puede hablarse de fragilidad etaria para referirse a su asociaci贸n con el envejecimiento, pero es importante entender que la fragilidad es, ante todo, una condici贸n funcional y no exclusivamente cronol贸gica.

 

 

 

 

C贸mo se pierde la reserva funcional

La reserva funcional es un proceso progresivo, se construye a partir de h谩bitos sostenidos en el tiempo. El cuerpo no permanece igual ante la falta de est铆mulo: se adapta hacia abajo, reduciendo su capacidad porque deja de necesitarla.

El sedentarismo disminuye la capacidad aer贸bica, la fuerza y la coordinaci贸n; la falta de carga mec谩nica reduce la densidad 贸sea y deteriora la calidad del cart铆lago; el estr茅s sostenido sin recuperaci贸n altera la regulaci贸n neuroendocrina; el sue帽o insuficiente compromete los procesos de reparaci贸n y adaptaci贸n; y la alimentaci贸n inadecuada limita la disponibilidad energ茅tica y afecta la funci贸n metab贸lica. La evidencia es clara en este sentido: la inactividad f铆sica constituye un factor de riesgo mayor para enfermedades cr贸nicas y mortalidad (Lee et al., 2012, The Lancet).

En todos estos casos, el organismo no se mantiene, sino que pierde margen. Y esa p茅rdida de margen es, precisamente, el inicio del camino hacia la fragilidad.

 

C贸mo se construye la reserva funcional

La buena noticia es que este proceso es reversible en gran medida. El sistema humano es pl谩stico y responde al est铆mulo adecuado incluso en edades avanzadas. La reserva funcional se construye a partir de la exposici贸n progresiva a demandas que obligan al organismo a adaptarse.

El ejercicio aer贸bico mejora la eficiencia cardiovascular y la capacidad de transporte de ox铆geno; el entrenamiento de fuerza incrementa la masa muscular, mejora la estabilidad articular y aumenta la capacidad de respuesta ante demandas f铆sicas; los ejercicios de equilibrio y coordinaci贸n optimizan la integraci贸n neuromuscular; el descanso adecuado permite consolidar las adaptaciones; y la gesti贸n del estr茅s contribuye a mantener la estabilidad del sistema nervioso.

Un ejemplo simple permite entenderlo con claridad: una persona que entrena fuerza no solo mejora su rendimiento en el gimnasio, sino que ampl铆a su capacidad para resolver situaciones cotidianas como levantarse de una silla, subir escaleras o evitar una ca铆da. En otras palabras, aumenta su reserva funcional para la vida real.

 

Fragilidad en la vida cotidiana: cuando el margen desaparece

La fragilidad se vuelve evidente cuando ese margen de seguridad se pierde. En ese contexto, situaciones que en un organismo con alta reserva ser铆an f谩cilmente toleradas pueden tener consecuencias significativas.

Una ca铆da que en otra persona no tendr铆a consecuencias puede generar una fractura en alguien con baja reserva funcional. Esto no ocurre de manera aislada, sino como resultado de un proceso: la falta de actividad f铆sica reduce la carga mec谩nica sobre el hueso, favoreciendo la p茅rdida de densidad mineral y el desarrollo de osteoporosis; al mismo tiempo, la disminuci贸n de la fuerza muscular y del control neuromotor deteriora el equilibrio, aumentando el riesgo de ca铆das. La combinaci贸n de huesos m谩s fr谩giles y peor control postural crea el escenario perfecto para una fractura de cadera.

De manera similar, una infecci贸n leve puede derivar en una internaci贸n en una persona con baja reserva funcional. La falta de actividad f铆sica, el mal descanso, el estr茅s cr贸nico y una alimentaci贸n inadecuada impactan sobre el sistema inmune, reduciendo la capacidad de respuesta frente a agentes infecciosos (Nieman & Wentz, 2019). En este contexto, lo que para un organismo entrenado ser铆a un evento transitorio puede transformarse en una complicaci贸n mayor.

Las cirug铆as tambi茅n ponen en evidencia este fen贸meno. Dos pacientes pueden someterse al mismo procedimiento, pero tener evoluciones completamente diferentes. Quien posee mayor reserva funcional tolera mejor el estr茅s quir煤rgico, se moviliza antes y se recupera m谩s r谩pido, mientras que quien presenta fragilidad puede tener complicaciones prolongadas, precisamente por la falta de recursos fisiol贸gicos para sostener el proceso de recuperaci贸n.

Incluso en el plano emocional, la reserva funcional cumple un rol determinante. Un cambio emocional puede desencadenar una desregulaci贸n significativa en un organismo con baja capacidad de adaptaci贸n. La actividad f铆sica regular y una adecuada nutrici贸n influyen directamente en la s铆ntesis y regulaci贸n de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y las endorfinas, asociados al bienestar y la estabilidad emocional (Meeusen & De Meirleir, 1995). Cuando estos sistemas no est谩n estimulados, la capacidad de respuesta frente al estr茅s emocional se reduce, aumentando la vulnerabilidad.

En todos estos ejemplos, el problema no es el est铆mulo en s铆, sino la incapacidad del organismo para adaptarse.

 

La clave: construir margen

Si hay una idea central en todo este cap铆tulo es que la salud es, en esencia, margen. Margen para adaptarse, para recuperarse y para sostenerse frente a lo inesperado. La reserva funcional representa ese margen, mientras que la fragilidad expresa su p茅rdida.

Por eso, el objetivo no deber铆a limitarse a evitar la enfermedad, sino a construir un organismo con suficiente capacidad para enfrentar los desaf铆os inevitables de la vida. En definitiva, la salud no es solo lo que heredamos ni lo que muestran los estudios cl铆nicos, sino lo que el cuerpo es capaz de hacer cuando realmente lo necesita. Y esa capacidad —din谩mica, adaptable y entrenable— constituye el verdadero capital biol贸gico.

 

Referencias bibliogr谩ficas

Fried LP et al. (2001). Frailty in older adults: evidence for a phenotype. Journal of Gerontology.

Lee IM et al. (2012). Effect of physical inactivity on major non-communicable diseases. The Lancet.

Nieman DC, Wentz LM (2019). The compelling link between physical activity and the body's defense system. Journal of Sport and Health Science.

Meeusen R, De Meirleir K (1995). Exercise and brain neurotransmission. Sports Medicine.

Cannon WB (1932). The Wisdom of the Body.

Sterling P (2012). Allostasis and predictive regulation.