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martes, 23 de diciembre de 2025

La música previene la demencia

Durante años se pensó a la música como un simple entretenimiento. Un fondo sonoro agradable para acompañar tareas, viajes o momentos de descanso. Sin embargo, la ciencia empezó a mostrar algo mucho más profundo: escuchar música no es pasivo, es una de las actividades más completas y potentes para el cerebro humano.

Un estudio longitudinal realizado en Australia por la Universidad de Monash siguió durante diez años a más de 10.000 personas mayores de 70 años. Los resultados fueron contundentes: quienes escuchaban música casi a diario presentaron un 39 % menos de probabilidades de desarrollar demencia en comparación con quienes no lo hacían de forma regular. No se trató de una intervención compleja ni costosa, sino de un hábito cotidiano, accesible y profundamente humano.

¿Por qué la música tiene tanto impacto en el cerebro?

La música es una de las pocas experiencias capaces de activar simultáneamente múltiples regiones cerebrales. Mientras suena una melodía, el cerebro pone en marcha:

Áreas del lenguaje, que interpretan letras y estructuras sonoras

Regiones de coordinación y ritmo, vinculadas al movimiento

Circuitos de emoción y memoria, especialmente en el sistema límbico

Zonas de atención y planificación, que anticipan patrones musicales

Esta activación en red convierte a la música en una suerte de gimnasia neuronal multisistémica. A diferencia de otras actividades cognitivas más focalizadas, la música conecta emoción, memoria, cuerpo y pensamiento en un mismo acto.



Música, emoción y memoria: una llave directa al pasado

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio —y de la práctica clínica— es el efecto de la música en personas que ya presentan deterioro cognitivo o demencia diagnosticada. En estos casos, la música con carga emocional personal (la que marcó una etapa de la vida, una historia, un vínculo) tiene la capacidad de:

Evocar recuerdos que parecían inaccesibles

Regular emociones y disminuir la agitación

Reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo

Favorecer conductas más organizadas y cooperativas

Esto ocurre porque la memoria musical suele preservarse incluso cuando otras funciones cognitivas comienzan a deteriorarse. La música actúa como un puente directo entre emoción y recuerdo, bypassando circuitos dañados y reactivando experiencias vitales profundas.

Escuchar, cantar o tocar: distintos caminos, un mismo beneficio

El estudio de Monash también observó que no solo escuchar música aporta beneficios. Quienes tocaban un instrumento o cantaban regularmente mostraron una reducción del riesgo de demencia cercana al 35 %. La práctica musical activa suma además:

Coordinación motora fina

Lectura y procesamiento simbólico

Memoria de trabajo

Control respiratorio y postural

En todos los casos, la música se presenta como una forma de prevención activa del deterioro cognitivo, no como una intervención tardía.

Estrés, inflamación y cerebro: el rol silencioso de la música

Otro aspecto clave es el impacto fisiológico. La práctica musical —incluso solo escuchar— se asocia con una disminución del cortisol, la hormona del estrés crónico. Menos cortisol implica:

Menor inflamación sistémica

Mejor calidad del sueño

Mayor capacidad de reparación neuronal

Sabemos hoy que el estrés crónico y la inflamación sostenida son factores vinculados al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. En este contexto, la música no solo estimula el cerebro: lo protege.

Un hábito simple con impacto profundo

Escuchar música, cantar en voz alta o aprender un instrumento no requiere equipamiento sofisticado ni condiciones especiales. Requiere presencia, regularidad y vínculo emocional. En un mundo que envejece rápidamente, la música se revela como una herramienta poderosa de bienestar, longevidad cognitiva y conexión con la propia historia.

Tal vez la prevención del deterioro cognitivo no empiece en un laboratorio, sino en algo mucho más simple: darle play a una canción que nos haga sentir vivos.

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