E-mail Tw

E-mail: eladiovecchi@gmail.com Twitter: @eladiovecchi

miércoles, 17 de mayo de 2017

Día Mundial de la Hipertensión Arterial (HA)



Sabías que...
- El 37,6% de los agentinos padece HA.
- 4 de cada 10 personas hipertensas, no saben que lo son.
- Sólo el 25% de los que tienen HA está controlado por un especialista.
- Afecta al 50% de las personas mayores de 50 años y al 70% de los mayores de 65 años.
- La HA puede transitar sin síntomas y sólo en algunas ocasiones puede generar dolores de cabeza o derrames en el ojo.
- Los factores de riesgo son: estrés, sedentarismo, sobrepeso, diabetes, hiperlipemias (colesterol y triglicéridos altos), tabaquismo, consumo excesivo de sal y de alcohol.
- Consecuencias de no tratar la HA pueden ser ACV, infartos cardíacos, entre otros.
- Los factores que pueden prevenir la HA son: Comer sin sal, realizar actividad física aeróbica (caminar, correr, bicicleta, etc.), bajar las grasas (colesterol y triglicéridos), reducir los azúcares y el alcohol, bajar de peso, realizar terapias para bajar los niveles de estrés y dejar de fumar.
Hoy no pierdas el tiempo y tomate la presión arterial en la farmacia o en el servicio médico más cercano.
Si tu presión está alta consultá a un médico.

No hay texto alternativo automático disponible.

lunes, 17 de abril de 2017

Estadísticamente, una hora de correr puede añadir siete horas a tu expectativa de vida

Correr puede ser el ejercicio más efectivo para incrementar la expectativa de vida, de acuerdo con una nueva revisión y análisis de investigaciones pasadas sobre el ejercicio y la muerte prematura. El nuevo estudio encontró que, en comparación con quienes no corrían, los corredores tendían a vivir cerca de tres años más, incluso si lo hacían despacio o esporádicamente y además fumaban, tomaban o tenían sobrepeso. Ninguna otra forma de ejercicio examinada por los investigadores mostró impactos similares en la duración de la vida.

Los hallazgos provienen del seguimiento a un estudio realizado hace tres años, en el que un grupo de distinguidos especialistas en Ciencias del Deporte analizó detalladamente los datos de una gran colección de pruebas médicas y de condición física llevadas a cabo en el Instituto Cooper de Dallas. Ese análisis encontró que incluso cinco minutos diarios de carrera se asociaban con más años de vida.
Después de la divulgación de ese estudio, los investigadores recibieron una ola de preguntas por parte de otros científicos y del público en general, señaló Duck-chul Lee, profesor de kinesiología en la Universidad Estatal de Iowa y coautor del estudio. Algunas personas querían saber si era probable que otras actividades, como caminar, eran tan benéficas como correr para reducir los riesgos de mortalidad.
Los corredores de fondo se cuestionaban si tal vez estaban corriendo de más, y si después de cierta cantidad de kilómetros u horas de correr la actividad podría resultar contraproducente e incluso contribuir a una muerte prematura.
Unos cuantos preguntaban si correr realmente aumentaba los años de vida de las personas. ¿Podría ser, preguntaban de forma no muy amable, que para reducir tu riesgo de morir tuvieras que pasar el equivalente del tiempo que hubieras ganado de vida en los caminos o pistas, obteniendo una nula ganancia neta?
Así que, para el nuevo estudio, publicado el mes pasado en Progress in Cardiovascular Disease, el doctor Lee y sus colaboradores decidieron abordar esos y otros asuntos relacionados analizando de nuevo los datos del Instituto Cooper, y también examinando los resultados de varios estudios recientes a gran escala para encontrar la relación entre el ejercicio y la mortalidad.
En general, esta nueva revisión reforzó los hallazgos de la investigación anterior, según determinaron los científicos. En forma acumulativa, los datos indicaron que correr, sin importar el ritmo o la distancia, reducía el riesgo de muerte prematura para cualquier persona casi en un 40 por ciento, un beneficio que seguía siendo cierto incluso cuando los investigadores usaron grupos de control para comparar entre fumadores, bebedores, y personas con antecedentes de problemas de salud tales como hipertensión u obesidad.
Con base en esas cifras, los científicos determinaron luego que, si todos los no corredores que habían participado en los estudios revisados hubieran practicado este deporte, habría habido un 16 por ciento menos de muertes en general, y un 25 por ciento menos de infartos mortales (hay una reserva respecto de estos estudios: la mayoría de los participantes eran blancos de clase media).
Quizá lo más interesante es que los investigadores calcularon que, por hora, correr le da estadísticamente más tiempo de vida a las personas del que les consume esta actividad. Calculando dos horas a la semana de entrenamiento —puesto que ese fue el promedio informado por los corredores en el estudio del Instituto Cooper—, los investigadores estimaron que un corredor típico pasaría menos de seis meses realmente corriendo durante el transcurso de casi 40 años, pero podría esperar aumentar su esperanza de vida por 3,2 años, lo que da una ganancia absoluta de cerca de 2,8 años.
En términos concretos, una hora de correr alarga estadísticamente la expectativa de vida por siete horas, informaron los investigadores.
Por supuesto, Lee señala que estas añadiduras “no son infinitas”: correr no hace a la gente inmortal. Las ganancias en la esperanza de vida llegan al tope aproximadamente a los tres años extra, sostiene, por más que la gente siga corriendo.
Las buenas noticias son que correr de manera prolongada no parece ser contraproducente para la longevidad, continuó, de acuerdo con los datos que él y sus colegas revisaron. Las mejorías en la expectativa de vida por lo general se estancan alrededor de las cuatro horas de correr a la semana, dice el Dr. Lee, pero no declinan.
Por su parte, los investigadores encontraron que otros tipos de ejercicio también beneficiaron confiablemente la esperanza de vida, pero no al mismo grado que correr. La caminata, el ciclismo y otras actividades, aunque requirieran el mismo esfuerzo que correr, por lo general reducían el riesgo de muerte prematura por cerca del 12 por ciento (aclaro mi propio sesgo: corro pero también me encanta andar en bicicleta y caminar con mis perros todos los días).
La razón por la que correr es tan singularmente poderoso en contra de la muerte temprana sigue siendo incierta, asegura Lee. Sin embargo, dice que es probable que combata muchos de los factores de riesgo comunes de la muerte súbita, incluyendo la hipertensión y el exceso de grasa corporal, en especial alrededor de la cintura.
También afirma que incrementa la condición aeróbica y una buena condición aeróbica es uno de los indicadores más reconocidos de la salud a largo plazo de un individuo.
Es claro que los hallazgos de esta nueva revisión son asociativos; eso significa que son prueba de que quienes corren también tienden a ser personas que viven más tiempo, pero no es que correr provoque directamente el aumento en la longevidad. En general, los corredores también llevan vidas saludables, señala el Dr. Lee, y sus estilos de vida pueden desempeñar un papel muy importante en la mortalidad.
Incluso tomando en cuenta esa posibilidad, dice, los datos sugieren que correr sí podría añadir años a nuestras vidas.

viernes, 24 de marzo de 2017

Llegan los psicobióticos: bacterias para mejorar la salud mental



Demuestran el potencial de algunos microorganismos para tratar diferentes trastornos mentales. Pero los científicos advierten que es un área de estudio muy incipiente, donde escasean los ensayos con humanos.



Tomas una píldora para aliviar la ansiedad. Lo que no te esperas es que su principio activo sea una bacteria que vaya directa a tu intestino y desde ahí avise al cerebro para calmar tus nervios. Es un psicobiótico. 
Uno de los mayores desafíos de la neurociencia actual es conocer los entresijos del cerebro humano. Estados Unidos y Europa han puesto en marcha sendos proyectos que darán sus frutos de aquí a una década. Los resultados alimentarán al mayor ejército desplegado jamás. Desde un lugar totalmente desapercibido y sin que te des cuenta, estos soldados controlan tu apetito, tu comportamiento e incluso tu salud mental. Hablamos de la microbiota que puebla tus tripas.


«Nuestros cuerpos son un complejo ecosistema en el que las células representan un insignificante 10% de la población. Más allá de los números, hoy conocemos sus sorprendentes diferencias», explicaba a finales de 2012 Thomas Insel, entonces director del Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos (NIMH, según sus siglas en inglés). Y este era su pronóstico para el futuro: «Una de las grandes fronteras de la neurociencia clínica de la próxima década será averiguar cómo influye la diversidad del mundo microbiano en el desarrollo del cerebro y en el comportamiento».
Las mariposas que sientes en el estómago cuando te enamoras y (algo menos romántico) esos inoportunos retortijones antes de un examen son dos ejemplos de la conexión que existe entre el sistema gastrointestinal y la mente.


Los probióticos suelen ser bacterias de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium y pueden tomarse en cápsulas o sobres (de venta en farmacias) o ir incluidos en determinados alimentos que se encuentran en los supermercados.
En cambio, los prebióticos son alimentos que no nos nutren directamente a nosotros, sino a las bacterias y otros microorganismos que viven en nuestros intestinos y nos provocan un efecto positivo. Un ejemplo de prebióticos son algunos tipos de fibra.

En 2013 Ted Dinan, definió a los psicobióticos. «Son bacterias que cuando se ingieren en cantidades adecuadas mejoran la salud mental», explica a Sinc el padre del término.
El principal problema de esta nueva expresión es que se apoya, sobre todo, en estudios realizados in vitro y en animales, por lo que los científicos muestran cautela a la hora de valorar cualquier resultado que pueda parecer prometedor.
«Los datos que se poseen hasta el momento sobre psicobióticos se basan en estudios preclínicos con ratones y aún se desconoce mucho sobre los mecanismos de acción», matiza Peláez. En su opinión, es necesario profundizar en estos estudios y asegurarse de la eficacia y seguridad de uso antes de realizar ensayos clínicos con fines terapéuticos.
El misterioso camino de las tripas a las emociones
La gran pregunta es cómo llegan los psicobióticos a tener efectos sobre la psique. Una posibilidad que barajan los científicos es que los microorganismos actúen directamente sobre el sistema nervioso entérico –encargado de controlar el aparato digestivo– que, a su vez, se comunica con el cerebro. Otra opción es que regulen el sistema inmunitario intestinal, el cual modula el sistema nervioso central.
«La tercera vía se basa en la producción de metabolitos que se distribuyen en el cerebro y son beneficiosos», declara a Sinc Paul Enck, miembro del Comité Directivo de la Sociedad Europea de Neurogastroenterología y Motilidad (ESNM, por sus siglas en inglés). En opinión del investigador, para llegar al cerebro los microorganismos podrían utilizar solo uno de estos tres caminos o varios a la vez. «Quizá haya más vías que se descubrirán en el futuro», opina. 
Antes de llegar a ese punto, un equipo de científicos –entre los que se encuentra Dinan, el padre del concepto– ha planteado una pequeña revolución para concienciar sobre el papel de estas bacterias en la mente. Su propuesta es ampliar la definición de psicobiótico a todo aquello que, a través de cambios en la microbiota intestinal, consiga efectos psicológicos, sin tener que ser necesariamente un microorganismo vivo.
Esto significaría incluir a los prebióticos, pero también al ejercicio físico y la dieta, «que afectan a las comunidades bacterianas en el intestino e influyen en estado de ánimo y en la cognición», considera Philip Burnet, autor principal del trabajo en el que se basa la propuesta e investigador del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oxford (Reino Unido).
Tras revisar más de un centenar de trabajos sobre psicobióticos (la mayoría  realizados en animales), los investigadores admiten que las limitaciones de los estudios son numerosas, «lo que obliga a frenar el entusiasmo y a incentivar nuevas investigaciones». Se desconoce, por el momento, si el consumo de estas bacterias puede tener efectos secundarios o si afectan por igual a hombres y mujeres.
En cuanto a la edad, parece que tanto los menores como los ancianos son las personas a las que más influirían este tipo de sustancias. «El período prenatal, posnatal y toda la infancia son críticos en el desarrollo del sistema nervioso, cerebral e inmunitario, que se ven muy afectados por la microbiota intestinal», indica Peláez. En el caso de los mayores, al volverse más sensibles a los cambios fisiológicos necesitan mantener una buena salud intestinal.