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domingo, 18 de junio de 2017

Estos son los 3 alimentos que peor le sientan a su segundo cerebro

Fuente: Diario El país

Los investigadores ponen el foco en la flora intestinal, implicada en la prevención de varias enfermedades. Claves para mimarla con la dieta


Las preferencias gastronómicas de nuestra microbiota (estos cien billones de bacterias que pueblan el intestino humano, y que pesan algo más de dos kilos según el catedrático de Microbiología Ignacio López Goñi) ha cautivado el interés de los científicos, y durante los últimos años se han multiplicado las publicaciones al respecto.
La alimentación que damos a esa comunidad bacteriana afecta de forma directa a nuestra salud. Las grasas saturadas, por ejemplo, favorecen el aumento de poblaciones microbianas (firmicutes) asociadas a la obesidad. En cambio, los alimentos ricos en fibra insoluble (como las verduras, el pan integral y las semillas) facilitan el crecimiento de bacterias beneficiosas (bacteroidetes) que reducen el sobrepeso, según una investigación publicada en Gut and Liver.
Y no solo la silueta está influenciada por estos habitantes de nuestras tripas. La diabetes tipo 2, las enfermedades inflamatorias intestinales y algunos tipos de cáncer y trastornos inmunológicos también mantienen una estrecha relación con la microbiota. Últimamente han aumentado las evidencias sobre su relación con el eccema y la dermatitis atópica, según recoge el portal médico Intramed. E incluso se ha vinculado con la longevidad.

Por qué es importante cuidar la microbiota

Otro factor muy relevante es la conexión intestino-cerebro. Según apunta una investigación de la Universidad de Zaragoza, estos microorganismos modulan los niveles de serotonina, un neurotransmisor relacionado con los estados de ánimo. Por eso se habla de la microbiota como el segundo cerebro. Todo este cúmulo de información lleva al nutricionista Miguel Aganzo Yeves, de los hospitales madrileños Fundación Jiménez Díaz y Rey Juan Carlos, a afirmar que “la flora intestinal es un componente más a tener en cuenta en el tratamiento de las enfermedades”.
¿Podemos modificarla? “Es posible que se pueda modular a través de la comida, y que contribuya en los tratamientos, pero lo más relevante es tener la capacidad para crear un entorno favorable, que promueva la colonización de una microbiota saludable”, añade el nutricionista, y recomienda "seguir unas pautas dietéticas sanas”. Por todo ello, si quiere mejorar la composición de su flora, debería evitar (o limitar) estos alimentos:

1. Bollería industrial

Hay que huir de las dietas ricas en grasas saturadas. “Las comidas precocinadas y la mayoría de alimentos envasados suelen llevarlas. Y los aceites de palma y coco, si se consumen en exceso, también pueden alterar la microbiota”, apunta el nutricionista. Aganzo insiste en que el problema "son los estilos de vida basados en comidas con exceso de grasa. Por comer ocasionalmente algo que no sea muy saludable no se va a alterar nada”. Y viceversa: “Consumir yogures mejora la diversidad de la flora intestinal, pero hay que tomarlos regularmente. Por hacerlo un día no se consigue nada”, recalca.

2. Helados

Esta recomendación, con el sol dando de plano, no es la que nos gustaría oír. Pero que no cunda el pánico: hace referencia a los helados industriales. Y se extiende también a las mayonesas. Concretamente, a los emulsionantes que contienen estos productos, que "son los aditivos que se emplean en la fabricación industrial, para dar una textura cremosa a un alimento que contiene grasa”, explica el especialista. Y añade: “Se desconocía si podían afectar negativamente a la salud humana, hasta que se ha descubierto cómo alteran la microbiota”. En este sentido, una investigación liderada por la Universidad Estatal de Georgia (EE UU) señala estos emulsionantes como responsables de cambios en la flora, que pueden favorecen la aparición de cáncer colorrectal.

3. Edulcorantes artificiales

Tomar dosis continuas de aspartamo (el edulcorante que más se utiliza en la industria alimentaria), aunque sea en poca cantidad, modifica la composición de la flora y podría alterar la resistencia a la insulina (favoreciendo la aparición de diabetes), apunta una investigación coordinada por la Universidad de Calgary (Canadá). La sucralosa, por su parte, reduce esa microflora (el descenso se mantiene durante semanas) y aumenta el pH fecal, lo que dificulta la absorción de algunos medicamentos tomados por vía oral.
Capítulo a parte merecen las carnes de animales que han recibido antibióticos, que también pueden disminuir la variedad de especies que contiene la flora y, en definitiva, aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el intestino.
Sin duda, el estudio de esa numerosa comunidad bacteriana será en el futuro una pieza fundamental de la medicina personalizada. Muchas veces, una muestra de heces, en lugar de una de sangre, será suficiente para que el médico prescriba cambios en nuestra dieta con el objetivo de atajar problemas metabólicos. Así lo afirma un estudio realizado por la Universidad Estatal de Luisiana (EE UU) en el que queda claro que la variedad de alimentos (sanos) es la piedra angular para mantener su segundo cerebro saludable.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Vinculan flora intestinal y esclerosis múltiple

Una investigación ha descrito cómo la posible alteración en la flora intestinal se relaciona directamente con el desarrollo de la esclerosis múltiple remitente recurrente. Para ello, se han utilizado dos biomarcadores indicativos de cambios en la microbiota, que han servido para trazar el proceso en el que la alteración en la barrera intestinal desencadena el proceso inflamatorio que afectaría al sistema nervioso.
Estudios previos ya habían vinculado la flora intestinal con la patología nerviosa, pero en esta ocasión se han descrito con detalle el comportamiento de los biomarcadores elegidos: los lipopolisacáridos de membrana bacteriana, asociado a alteraciones de la flora intestinal, y las proteínas LBP, tanto en modelo animal como en pacientes.
De hecho, una de las innovaciones del trabajo es haber logrado validar el modelo experimental habitual para el estudio de los procesos moleculares relacionados con la esclerosis múltiple, en el que se utiliza como organismo de ensayo la rata Dark Agouti, y confirmar que en él no se producen diferencias de sexo a la hora de desarrollar la patología.
[Neurotherapeutics 2017; 14: 199-211]Escribano BM, Medina-Fernández FJ, Aguilar-Luque M, Agüera E, Feijoo M, García-Maceira FI, et al.
Fuente: Revista de Neurología
Artículos relacionados:
Llegan los psicobióticos: Bacterias para mejorar la salud mentalMicroorganismos intestinales modulan los niveles de serotonina

jueves, 25 de mayo de 2017

Por qué no son buenas las gaseosas para hidratarse

- Por su alto contenido en azúcar, pueden producir intolerancia gástrica.

- Por la presencia de gas que brinda sensación de saciedad lo que hace que tomemos menos cantidad de líquido.

- Por el contenido de Cafeína que produce efecto diurético (pérdida de agua a través de la orina).


Por lo tanto retrasan la CORRECTA HIDRATACIÓN!


Lic. Maru Caracciolo
Nutrición Deportiva - CENARD - FisioSport - CASI 
Mirá más tips en su instagram @maru.caracciolo.nutricion





miércoles, 17 de mayo de 2017

Día Mundial de la Hipertensión Arterial (HA)



Sabías que...
- El 37,6% de los agentinos padece HA.
- 4 de cada 10 personas hipertensas, no saben que lo son.
- Sólo el 25% de los que tienen HA está controlado por un especialista.
- Afecta al 50% de las personas mayores de 50 años y al 70% de los mayores de 65 años.
- La HA puede transitar sin síntomas y sólo en algunas ocasiones puede generar dolores de cabeza o derrames en el ojo.
- Los factores de riesgo son: estrés, sedentarismo, sobrepeso, diabetes, hiperlipemias (colesterol y triglicéridos altos), tabaquismo, consumo excesivo de sal y de alcohol.
- Consecuencias de no tratar la HA pueden ser ACV, infartos cardíacos, entre otros.
- Los factores que pueden prevenir la HA son: Comer sin sal, realizar actividad física aeróbica (caminar, correr, bicicleta, etc.), bajar las grasas (colesterol y triglicéridos), reducir los azúcares y el alcohol, bajar de peso, realizar terapias para bajar los niveles de estrés y dejar de fumar.
Hoy no pierdas el tiempo y tomate la presión arterial en la farmacia o en el servicio médico más cercano.
Si tu presión está alta consultá a un médico.

No hay texto alternativo automático disponible.

lunes, 17 de abril de 2017

Estadísticamente, una hora de correr puede añadir siete horas a tu expectativa de vida

Correr puede ser el ejercicio más efectivo para incrementar la expectativa de vida, de acuerdo con una nueva revisión y análisis de investigaciones pasadas sobre el ejercicio y la muerte prematura. El nuevo estudio encontró que, en comparación con quienes no corrían, los corredores tendían a vivir cerca de tres años más, incluso si lo hacían despacio o esporádicamente y además fumaban, tomaban o tenían sobrepeso. Ninguna otra forma de ejercicio examinada por los investigadores mostró impactos similares en la duración de la vida.

Los hallazgos provienen del seguimiento a un estudio realizado hace tres años, en el que un grupo de distinguidos especialistas en Ciencias del Deporte analizó detalladamente los datos de una gran colección de pruebas médicas y de condición física llevadas a cabo en el Instituto Cooper de Dallas. Ese análisis encontró que incluso cinco minutos diarios de carrera se asociaban con más años de vida.
Después de la divulgación de ese estudio, los investigadores recibieron una ola de preguntas por parte de otros científicos y del público en general, señaló Duck-chul Lee, profesor de kinesiología en la Universidad Estatal de Iowa y coautor del estudio. Algunas personas querían saber si era probable que otras actividades, como caminar, eran tan benéficas como correr para reducir los riesgos de mortalidad.
Los corredores de fondo se cuestionaban si tal vez estaban corriendo de más, y si después de cierta cantidad de kilómetros u horas de correr la actividad podría resultar contraproducente e incluso contribuir a una muerte prematura.
Unos cuantos preguntaban si correr realmente aumentaba los años de vida de las personas. ¿Podría ser, preguntaban de forma no muy amable, que para reducir tu riesgo de morir tuvieras que pasar el equivalente del tiempo que hubieras ganado de vida en los caminos o pistas, obteniendo una nula ganancia neta?
Así que, para el nuevo estudio, publicado el mes pasado en Progress in Cardiovascular Disease, el doctor Lee y sus colaboradores decidieron abordar esos y otros asuntos relacionados analizando de nuevo los datos del Instituto Cooper, y también examinando los resultados de varios estudios recientes a gran escala para encontrar la relación entre el ejercicio y la mortalidad.
En general, esta nueva revisión reforzó los hallazgos de la investigación anterior, según determinaron los científicos. En forma acumulativa, los datos indicaron que correr, sin importar el ritmo o la distancia, reducía el riesgo de muerte prematura para cualquier persona casi en un 40 por ciento, un beneficio que seguía siendo cierto incluso cuando los investigadores usaron grupos de control para comparar entre fumadores, bebedores, y personas con antecedentes de problemas de salud tales como hipertensión u obesidad.
Con base en esas cifras, los científicos determinaron luego que, si todos los no corredores que habían participado en los estudios revisados hubieran practicado este deporte, habría habido un 16 por ciento menos de muertes en general, y un 25 por ciento menos de infartos mortales (hay una reserva respecto de estos estudios: la mayoría de los participantes eran blancos de clase media).
Quizá lo más interesante es que los investigadores calcularon que, por hora, correr le da estadísticamente más tiempo de vida a las personas del que les consume esta actividad. Calculando dos horas a la semana de entrenamiento —puesto que ese fue el promedio informado por los corredores en el estudio del Instituto Cooper—, los investigadores estimaron que un corredor típico pasaría menos de seis meses realmente corriendo durante el transcurso de casi 40 años, pero podría esperar aumentar su esperanza de vida por 3,2 años, lo que da una ganancia absoluta de cerca de 2,8 años.
En términos concretos, una hora de correr alarga estadísticamente la expectativa de vida por siete horas, informaron los investigadores.
Por supuesto, Lee señala que estas añadiduras “no son infinitas”: correr no hace a la gente inmortal. Las ganancias en la esperanza de vida llegan al tope aproximadamente a los tres años extra, sostiene, por más que la gente siga corriendo.
Las buenas noticias son que correr de manera prolongada no parece ser contraproducente para la longevidad, continuó, de acuerdo con los datos que él y sus colegas revisaron. Las mejorías en la expectativa de vida por lo general se estancan alrededor de las cuatro horas de correr a la semana, dice el Dr. Lee, pero no declinan.
Por su parte, los investigadores encontraron que otros tipos de ejercicio también beneficiaron confiablemente la esperanza de vida, pero no al mismo grado que correr. La caminata, el ciclismo y otras actividades, aunque requirieran el mismo esfuerzo que correr, por lo general reducían el riesgo de muerte prematura por cerca del 12 por ciento (aclaro mi propio sesgo: corro pero también me encanta andar en bicicleta y caminar con mis perros todos los días).
La razón por la que correr es tan singularmente poderoso en contra de la muerte temprana sigue siendo incierta, asegura Lee. Sin embargo, dice que es probable que combata muchos de los factores de riesgo comunes de la muerte súbita, incluyendo la hipertensión y el exceso de grasa corporal, en especial alrededor de la cintura.
También afirma que incrementa la condición aeróbica y una buena condición aeróbica es uno de los indicadores más reconocidos de la salud a largo plazo de un individuo.
Es claro que los hallazgos de esta nueva revisión son asociativos; eso significa que son prueba de que quienes corren también tienden a ser personas que viven más tiempo, pero no es que correr provoque directamente el aumento en la longevidad. En general, los corredores también llevan vidas saludables, señala el Dr. Lee, y sus estilos de vida pueden desempeñar un papel muy importante en la mortalidad.
Incluso tomando en cuenta esa posibilidad, dice, los datos sugieren que correr sí podría añadir años a nuestras vidas.