E-mail Tw

E-mail: eladiovecchi@gmail.com

sábado, 12 de agosto de 2017


viernes, 30 de junio de 2017

Por qué en otoño-invierno comemos más y tenemos más sueño

En otoño e invierno es frecuente sentirnos con más sueño, ganas de comer y con un estado de melancolía. 


Hay estudios que relacionan estos cambios con los días más cortos y, en consecuencia, con la disminución a la exposición solar.

En invierno, se reducen las horas del día con luz natural. Esto hace que suba la liberación de melatonina (un neurotransmisor que es inductor del sueño), y, por ende, se genera una sensación de mayor somnolencia. También puede llevar a alteraciones en el comportamiento y los estados de ánimo en algunas personas. 

¿Cómo se da cuenta nuestro cerebro de los cambios de luz? En la retina hay unos fotorreceptores que captan la luz solar. Cuando dejan de recibir luz se pone en funcionamiento el estímulo que viaja a la glándula pineal, que es la encargada de liberar melatonina.

¿Por qué tenemos más hambre? También este aumento de la secreción de melatonina hace que disminuya la temperatura del cuerpo y éste sienta la necesidad de ingerir más alimentos para aumentar el aporte calórico. Esto provoca que consumamos alimentos dulces preferentemente.

¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor? Los ejercicios al aire libre y aumentar las horas que nos exponemos al sol mejorarían estos estados.

No todo el mundo tiene la misma sensibilidad al tiempo y algunas personas tienen más tendencia que otras a que la disminución de la luz solar altere su humor y su gula.
(*) Wehr TA, Duncan WC, Sher L, Aeschbach D, Schwartz PJ, Turner EH, Postolache TT, et al. A circadian signal of change of season in patients with seasonal affective disorder. Arch Gen Psychiatry. 2001; 58:1108-1114. 

domingo, 18 de junio de 2017

Estos son los 3 alimentos que peor le sientan a su segundo cerebro

Fuente: Diario El país

Los investigadores ponen el foco en la flora intestinal, implicada en la prevención de varias enfermedades. Claves para mimarla con la dieta


Las preferencias gastronómicas de nuestra microbiota (estos cien billones de bacterias que pueblan el intestino humano, y que pesan algo más de dos kilos según el catedrático de Microbiología Ignacio López Goñi) ha cautivado el interés de los científicos, y durante los últimos años se han multiplicado las publicaciones al respecto.
La alimentación que damos a esa comunidad bacteriana afecta de forma directa a nuestra salud. Las grasas saturadas, por ejemplo, favorecen el aumento de poblaciones microbianas (firmicutes) asociadas a la obesidad. En cambio, los alimentos ricos en fibra insoluble (como las verduras, el pan integral y las semillas) facilitan el crecimiento de bacterias beneficiosas (bacteroidetes) que reducen el sobrepeso, según una investigación publicada en Gut and Liver.
Y no solo la silueta está influenciada por estos habitantes de nuestras tripas. La diabetes tipo 2, las enfermedades inflamatorias intestinales y algunos tipos de cáncer y trastornos inmunológicos también mantienen una estrecha relación con la microbiota. Últimamente han aumentado las evidencias sobre su relación con el eccema y la dermatitis atópica, según recoge el portal médico Intramed. E incluso se ha vinculado con la longevidad.

Por qué es importante cuidar la microbiota

Otro factor muy relevante es la conexión intestino-cerebro. Según apunta una investigación de la Universidad de Zaragoza, estos microorganismos modulan los niveles de serotonina, un neurotransmisor relacionado con los estados de ánimo. Por eso se habla de la microbiota como el segundo cerebro. Todo este cúmulo de información lleva al nutricionista Miguel Aganzo Yeves, de los hospitales madrileños Fundación Jiménez Díaz y Rey Juan Carlos, a afirmar que “la flora intestinal es un componente más a tener en cuenta en el tratamiento de las enfermedades”.
¿Podemos modificarla? “Es posible que se pueda modular a través de la comida, y que contribuya en los tratamientos, pero lo más relevante es tener la capacidad para crear un entorno favorable, que promueva la colonización de una microbiota saludable”, añade el nutricionista, y recomienda "seguir unas pautas dietéticas sanas”. Por todo ello, si quiere mejorar la composición de su flora, debería evitar (o limitar) estos alimentos:

1. Bollería industrial

Hay que huir de las dietas ricas en grasas saturadas. “Las comidas precocinadas y la mayoría de alimentos envasados suelen llevarlas. Y los aceites de palma y coco, si se consumen en exceso, también pueden alterar la microbiota”, apunta el nutricionista. Aganzo insiste en que el problema "son los estilos de vida basados en comidas con exceso de grasa. Por comer ocasionalmente algo que no sea muy saludable no se va a alterar nada”. Y viceversa: “Consumir yogures mejora la diversidad de la flora intestinal, pero hay que tomarlos regularmente. Por hacerlo un día no se consigue nada”, recalca.

2. Helados

Esta recomendación, con el sol dando de plano, no es la que nos gustaría oír. Pero que no cunda el pánico: hace referencia a los helados industriales. Y se extiende también a las mayonesas. Concretamente, a los emulsionantes que contienen estos productos, que "son los aditivos que se emplean en la fabricación industrial, para dar una textura cremosa a un alimento que contiene grasa”, explica el especialista. Y añade: “Se desconocía si podían afectar negativamente a la salud humana, hasta que se ha descubierto cómo alteran la microbiota”. En este sentido, una investigación liderada por la Universidad Estatal de Georgia (EE UU) señala estos emulsionantes como responsables de cambios en la flora, que pueden favorecen la aparición de cáncer colorrectal.

3. Edulcorantes artificiales

Tomar dosis continuas de aspartamo (el edulcorante que más se utiliza en la industria alimentaria), aunque sea en poca cantidad, modifica la composición de la flora y podría alterar la resistencia a la insulina (favoreciendo la aparición de diabetes), apunta una investigación coordinada por la Universidad de Calgary (Canadá). La sucralosa, por su parte, reduce esa microflora (el descenso se mantiene durante semanas) y aumenta el pH fecal, lo que dificulta la absorción de algunos medicamentos tomados por vía oral.
Capítulo a parte merecen las carnes de animales que han recibido antibióticos, que también pueden disminuir la variedad de especies que contiene la flora y, en definitiva, aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el intestino.
Sin duda, el estudio de esa numerosa comunidad bacteriana será en el futuro una pieza fundamental de la medicina personalizada. Muchas veces, una muestra de heces, en lugar de una de sangre, será suficiente para que el médico prescriba cambios en nuestra dieta con el objetivo de atajar problemas metabólicos. Así lo afirma un estudio realizado por la Universidad Estatal de Luisiana (EE UU) en el que queda claro que la variedad de alimentos (sanos) es la piedra angular para mantener su segundo cerebro saludable.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Vinculan flora intestinal y esclerosis múltiple

Una investigación ha descrito cómo la posible alteración en la flora intestinal se relaciona directamente con el desarrollo de la esclerosis múltiple remitente recurrente. Para ello, se han utilizado dos biomarcadores indicativos de cambios en la microbiota, que han servido para trazar el proceso en el que la alteración en la barrera intestinal desencadena el proceso inflamatorio que afectaría al sistema nervioso.
Estudios previos ya habían vinculado la flora intestinal con la patología nerviosa, pero en esta ocasión se han descrito con detalle el comportamiento de los biomarcadores elegidos: los lipopolisacáridos de membrana bacteriana, asociado a alteraciones de la flora intestinal, y las proteínas LBP, tanto en modelo animal como en pacientes.
De hecho, una de las innovaciones del trabajo es haber logrado validar el modelo experimental habitual para el estudio de los procesos moleculares relacionados con la esclerosis múltiple, en el que se utiliza como organismo de ensayo la rata Dark Agouti, y confirmar que en él no se producen diferencias de sexo a la hora de desarrollar la patología.
[Neurotherapeutics 2017; 14: 199-211]Escribano BM, Medina-Fernández FJ, Aguilar-Luque M, Agüera E, Feijoo M, García-Maceira FI, et al.
Fuente: Revista de Neurología
Artículos relacionados:
Llegan los psicobióticos: Bacterias para mejorar la salud mentalMicroorganismos intestinales modulan los niveles de serotonina

jueves, 25 de mayo de 2017

Por qué no son buenas las gaseosas para hidratarse

- Por su alto contenido en azúcar, pueden producir intolerancia gástrica.

- Por la presencia de gas que brinda sensación de saciedad lo que hace que tomemos menos cantidad de líquido.

- Por el contenido de Cafeína que produce efecto diurético (pérdida de agua a través de la orina).


Por lo tanto retrasan la CORRECTA HIDRATACIÓN!


Lic. Maru Caracciolo
Nutrición Deportiva - CENARD - FisioSport - CASI 
Mirá más tips en su instagram @maru.caracciolo.nutricion





miércoles, 17 de mayo de 2017

Día Mundial de la Hipertensión Arterial (HA)



Sabías que...
- El 37,6% de los agentinos padece HA.
- 4 de cada 10 personas hipertensas, no saben que lo son.
- Sólo el 25% de los que tienen HA está controlado por un especialista.
- Afecta al 50% de las personas mayores de 50 años y al 70% de los mayores de 65 años.
- La HA puede transitar sin síntomas y sólo en algunas ocasiones puede generar dolores de cabeza o derrames en el ojo.
- Los factores de riesgo son: estrés, sedentarismo, sobrepeso, diabetes, hiperlipemias (colesterol y triglicéridos altos), tabaquismo, consumo excesivo de sal y de alcohol.
- Consecuencias de no tratar la HA pueden ser ACV, infartos cardíacos, entre otros.
- Los factores que pueden prevenir la HA son: Comer sin sal, realizar actividad física aeróbica (caminar, correr, bicicleta, etc.), bajar las grasas (colesterol y triglicéridos), reducir los azúcares y el alcohol, bajar de peso, realizar terapias para bajar los niveles de estrés y dejar de fumar.
Hoy no pierdas el tiempo y tomate la presión arterial en la farmacia o en el servicio médico más cercano.
Si tu presión está alta consultá a un médico.

No hay texto alternativo automático disponible.