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domingo, 8 de octubre de 2017

Esta es la cantidad de ejercicio que tenés que hacer por semana para vivir más


Los investigadores descubrieron que cualquier ejercicio sirve para vivir una vida más saludable; desde spinning, zumba hasta ir en bici al trabajo o limpiar tu casa



Es oficial: si querés vivir más, tenés que moverte. Un estudio mostró que la mínima cantidad de ejercicio que necesitás para aumentar tu longevidad es de 150 minutos por semana. Eso quiere decir que con 2 horas y media cada 7 días podrías ganarte unos años más. ¿Pero cualquier ejercicio sirve?


Para los investigadores de la Universidad McCaster si. Puede ser cualquiera: desde spinning, zumba hasta ir en bici al trabajo o limpiar tu casa. Los autores notaron que tanto en los países ricos que toman al ejercicio como algo recreacional como los países más pobres que hacen actividad física en la vida diaria y laboral, los resultados fueron los mismos. Lo importante es llegar a esos 150 minutos.

Los científicos encuestaron a más de 140 mil personas de 35 a 70 años de 17 países para saber cuántos minutos le dedicaban a la actividad física por semana. Después de 6 años, los investigadores se volvieron a contactar con los participantes para saber cómo estaba su estado de salud después de la encuesta.


Los resultados fueron contundentes. Las personas que ejercitaban el mínimo de tiempo tenían un 28% menos de probabilidad de morir y 20% menos de sufrir una enfermedad cardíaca. Para los que ejercitaban 750 minutos (12.5 horas) el panorama era mejor: tenían un 40% menos de probabilidad de sufrir un ataque cardíaco. Estos resultados siguen al pie de la letra las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

"El movimiento es movimiento. No es necesario que sea muy duro o que necesites reorganizar tu vida para hacerlo. Siempre le digo a la gente que se puede despertar 30 minutos antes e ir al trabajo caminando para empezar. Subir las escaleras o estacionar más lejos también ayuda. Son dos minutos de acá y 5 de acá pero todo suma", dijo a Huffpost el entrenador Josh Carter.

Maneras baratas de llegar a los 150 minutos por semana

Las personas que ejercitan tienen un 28% menos de probabilidades de morir que las que no, según un estudio
Las personas que ejercitan tienen un 28% menos de probabilidades de morir que las que no, según un estudio. Foto: Shutterstock
Cortar a la mitad el horario de almuerzo y bajar la comida dando una vuelta a la manzana.

En vez de ver un capítulo tras otro de tu serie favorita, mirá uno solo y aprovechá para salir a caminar un rato

Sacá a tu mascota más seguido, ¡los dos pueden hacer ejercicio!

Conseguí un compañero de gimnasio

Caminá, agarrá la bici o corré hasta tu próximo evento. Según el estudio, el ejercicio más beneficioso es aquel que entra en la categoría de "transporte activo". Puede ser cuando vas caminando al subte para ir al trabajo o cuando cambias el colectivo por la bici.

Fuente: Diario ¨La Nación¨
http://www.lanacion.com.ar/2068843-esta-es-la-cantidad-de-ejercicio-que-tenes-que-hacer-por-semana-para-vivir-mas




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martes, 3 de octubre de 2017

Una mala mordida se asocia con mal control de la postura y el equilibrio

Desde hace unos años, existe un creciente interés médico en corregir el contacto imperfecto de los dientes para evitar así problemas como dolor mandibular, diastemas o apiñamiento. Ahora, un nuevo estudio realizado por investigadores españoles concluye que la oclusión dental se relaciona también con el control de la postura y el equilibrio.  


A pesar del tecnicismo, el término oclusión dental está cada vez más en la cabeza de muchos pacientes tras una simple visita al dentista. En las consultas se diagnostican problemas relacionados con una mala mordida, tales como desviaciones de la línea media, diastemas, apiñamiento, mordida cruzada y dientes ausentes.
La oclusión dental no es ni más ni menos que el contacto que se establece entre los dientes superiores e inferiores al cerrar la boca. Pueden encontrarse perfectamente alineados o presentar alteraciones a distintos niveles.
Dos nuevas investigaciones, llevadas a cabo en colaboración entre el departamento de Fisiología de la Universidad de Barcelona y la Universidad de Innsbruck (Austria), confirman una relación menos obvia entre una mordida imperfecta y el control de la postura.
Otro dato a destacar es que aunque esta relación pueda resultar estadísticamente baja, está aumentada cuando existen condiciones de fatiga en la persona, o cuando se dan condiciones de inestabilidad. 
“Cuando existe una mala oclusión, esta se clasifica por criterios establecidos científicamente. Lo relevante en el estudio es que se ha relacionado además con diferentes alteraciones motoras y fisiológicas”, explica a Sinc Sonia Julià-Sánchez, autora principal de los trabajos e investigadora en la institución catalana. 
Ambos estudios, cuyos resultados han sido publicados en Motor Control y Neuroscience Letters, aportan datos concluyentes de que con la corrección de diferentes mal oclusiones, llevando la posición mandibular a un punto neutro, se mejora el control postural tanto en equilibrio estático como en dinámico.
En el día a día esta relación no se aprecia tan directamente en condiciones estáticas, aunque pueden existir condiciones asociadas a patologías, como la obesidad, que agraven la inestabilidad corporal empeorando el control de la postura e incrementando el riesgo de caídas.
En deportistas, esta relación puede ser determinante tanto en el rendimiento final como en la prevención de lesiones como torceduras, distensiones y fracturas, por desequilibrios inesperados a medida que la fatiga es mayor y la capacidad de respuesta motora disminuye.
“Por ello, sería útil que tanto la población general como los deportistas valoren la posibilidad de corregir la oclusión dental para mejorar el control de la postura, evitando así posibles caídas o desequilibrios debido a una falta de reacción del sistema motor”, añade Julià-Sánchez. 
Influencia recíproca
“El control de la postura es el resultado de un complejo sistema que incluye diferentes componentes sensores y motores que provienen de la información visual, somatosensorial y vestibular”, explica la experta.
En los últimos años ha crecido el interés científico por la relación entre el sistema estomatognático (el conjunto de órganos y tejidos que permiten comer, hablar, masticar, deglutir y sonreír) y el control de la postura.
El vínculo puede tener una explicación neurofisiológica. Existe una influencia recíproca entre el nervio trigémino y el núcleo vestibular –responsables de la función masticatoria y el control del equilibrio respectivamente–, y también entre los músculos masticatorios y cervicales.
Esta influencia explicaría que las maloclusiones dentales perjudiquen el control de la postura. Pero hasta ahora las investigaciones no habían conseguido ser concluyentes.
“El problema principal deriva de que la mayoría de estos estudios habían valorado el equilibrio de manera estática y en condiciones de total estabilidad, lo que en la práctica tiene poca aplicación real sobre el control de la postura en acción”, apunta Julià-Sánchez.
En un primer estudio se tuvo en cuenta el tipo de oclusión dental y si había existido un tratamiento de ortodoncia previo. Los resultados mostraron que las alteraciones en la alineación de los dientes se relacionaban con un peor control del equilibrio estático.
El segundo trabajo valoró el tipo de oclusión dental, el control de la postura y la fatiga física para analizar la posible relación entre estos factores. El análisis mostró que el equilibrio mejoraba cuando las maloclusiones se corregían, y que estas influían más en el control de la postura en condiciones de fatiga que en reposo.
“Cuando los sujetos estaban cansados equilibraban peor tanto en condiciones estables como inestables. En condiciones estáticas, el factor que influyó más en el desequilibrio fue la fatiga. Por el contrario, en condiciones de máxima inestabilidad, se apreció una relación significativa entre agotamiento y oclusión dental”, concluye Julià-Sánchez.
Fuente: http://www.agenciasinc.es

jueves, 31 de agosto de 2017

Trastornos de mandíbula: un mal muy extendido pero poco diagnosticado

Fuente: Diario Clarín

Dolor de cabeza, de cuello, de cervicales o de oído. La dificultad al morder o para abrir y cerrar la boca. Fatiga o hasta un hormigueo en el brazo o en la mano. Todos estos son algunos de los síntomas de una misma patología en la articulación temporomandibular (ATM), la que permite realizar el movimiento de la mandíbula a partir de su inserción en la base del cráneo. Parece una afección poco común. Sin embargo, se trata de dolencia que sufren muchos. El problema es que la mayoría no logra identificar el origen de las molestias y los especialistas tardan en diagnosticarlo.
Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 30 por ciento de la población del planeta sufre de trastornos de la articulación temporomandibular.
Un estudio desarrollado por la American Academy of Craniofacial Pain, de Estados Unidos, advierte que las disfunciones de la articulación temporomandibular (DTM) son el doble de frecuentes en mujeres que en hombres. Llegó a esa conclusión tras un relevamiento realizado en la Facultad de Odontología de Jordania, donde un 30 por ciento de una población universitaria sufre desórdenes temporomandibulares producidos por el estrés.
El informe, que tuvo una muestra de más de mil estudiantes, demostró que el dolor en y alrededor de las mejillas y oídos son los síntomas más frecuentes. La mayoría ignoraba que tenía este trastorno.
En la Argentina, según especialistas consultados por Clarín, una de cada dos personas tiene algún tipo de trastorno de ATM, pero muchos todavía lo desconocen.
Por lo general se recurre a muchos especialistas, incluyendo odontólogos, sin encontrar una respuesta adecuada. El paciente sufre dolores de cabeza, de oído, chasquidos en la mandíbula, ruidos como de arena dentro de la ATM y sigue con dolores de cuello, cabeza, cuello, pecho, espalda que puede llegar hasta la cintura. Es progresivo en algunos casos y el dolor se vuelve insoportable”, explica a este diario el odontólogo Jorge Learreta, especialista en ortodoncia y referente a nivel internacional en articulación temporomandibular (ATM) y disfunción temporomandibular (DTM).
Así le pasó a Luis Ramos, que vive en San Isidro y sufría continuos dolores en la columna cervical porque “tenía una especie de rectificación”.
“Fui a una kinesióloga, me trató durante un par de semanas y me dijo que para ella era un tema de la mandíbula. Así que decidí ir a ver a un especialista de ATM. Me realizó todo tipo de estudios y luego me confeccionó un ‘aparatito’ para la boca que me resolvió el problema ya que se me fue el dolor”, relata.
A Ramos, en realidad, le colocaron una placa de acrílico que, en general, se debe usar todo el día durante un año. El aparato actúa como una guía que acomoda la posición de la mandíbula. “Ahora, con la bioinstrumentación, se mide la actividad de músculos y mandíbula y se realizan tratamientos con placas oclusales para mejorar las deficiencias”, detalla Facundo Arias Aráoz, odontólogo y especialista en ATM.
Por su parte, Esteban Barrientos, también odontólogo, remarca que “hay patologías frecuentes pero no diagnosticadas”. Y puntualiza: “Vienen pacientes derivados por un otorrinolaringólogo o neurólogo. Y hay odontólogos que deben tener una primera instancia con esta articulación e ir más allá, por ejemplo, del estrés que provoca el bruxismo. Debemos interpretar”.
En ese sentido, Learreta sostiene: “No hay una receta preestablecida para detectar la DTM y ésta es la razón de su gran particularidad que comprende una difícil identificación y dificulta la cura. La primera medida que deben tomar aquellos que sufren estos síntomas es realizarse un estudio de diagnóstico de la patología para comenzar a buscar una solución a tantos padecimientos”.

viernes, 30 de junio de 2017

Por qué en otoño-invierno comemos más y tenemos más sueño

En otoño e invierno es frecuente sentirnos con más sueño, ganas de comer y con un estado de melancolía. 


Hay estudios que relacionan estos cambios con los días más cortos y, en consecuencia, con la disminución a la exposición solar.

En invierno, se reducen las horas del día con luz natural. Esto hace que suba la liberación de melatonina (un neurotransmisor que es inductor del sueño), y, por ende, se genera una sensación de mayor somnolencia. También puede llevar a alteraciones en el comportamiento y los estados de ánimo en algunas personas. 

¿Cómo se da cuenta nuestro cerebro de los cambios de luz? En la retina hay unos fotorreceptores que captan la luz solar. Cuando dejan de recibir luz se pone en funcionamiento el estímulo que viaja a la glándula pineal, que es la encargada de liberar melatonina.

¿Por qué tenemos más hambre? También este aumento de la secreción de melatonina hace que disminuya la temperatura del cuerpo y éste sienta la necesidad de ingerir más alimentos para aumentar el aporte calórico. Esto provoca que consumamos alimentos dulces preferentemente.

¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor? Los ejercicios al aire libre y aumentar las horas que nos exponemos al sol mejorarían estos estados.

No todo el mundo tiene la misma sensibilidad al tiempo y algunas personas tienen más tendencia que otras a que la disminución de la luz solar altere su humor y su gula.
(*) Wehr TA, Duncan WC, Sher L, Aeschbach D, Schwartz PJ, Turner EH, Postolache TT, et al. A circadian signal of change of season in patients with seasonal affective disorder. Arch Gen Psychiatry. 2001; 58:1108-1114. 

domingo, 18 de junio de 2017

Estos son los 3 alimentos que peor le sientan a su segundo cerebro

Fuente: Diario El país

Los investigadores ponen el foco en la flora intestinal, implicada en la prevención de varias enfermedades. Claves para mimarla con la dieta


Las preferencias gastronómicas de nuestra microbiota (estos cien billones de bacterias que pueblan el intestino humano, y que pesan algo más de dos kilos según el catedrático de Microbiología Ignacio López Goñi) ha cautivado el interés de los científicos, y durante los últimos años se han multiplicado las publicaciones al respecto.
La alimentación que damos a esa comunidad bacteriana afecta de forma directa a nuestra salud. Las grasas saturadas, por ejemplo, favorecen el aumento de poblaciones microbianas (firmicutes) asociadas a la obesidad. En cambio, los alimentos ricos en fibra insoluble (como las verduras, el pan integral y las semillas) facilitan el crecimiento de bacterias beneficiosas (bacteroidetes) que reducen el sobrepeso, según una investigación publicada en Gut and Liver.
Y no solo la silueta está influenciada por estos habitantes de nuestras tripas. La diabetes tipo 2, las enfermedades inflamatorias intestinales y algunos tipos de cáncer y trastornos inmunológicos también mantienen una estrecha relación con la microbiota. Últimamente han aumentado las evidencias sobre su relación con el eccema y la dermatitis atópica, según recoge el portal médico Intramed. E incluso se ha vinculado con la longevidad.

Por qué es importante cuidar la microbiota

Otro factor muy relevante es la conexión intestino-cerebro. Según apunta una investigación de la Universidad de Zaragoza, estos microorganismos modulan los niveles de serotonina, un neurotransmisor relacionado con los estados de ánimo. Por eso se habla de la microbiota como el segundo cerebro. Todo este cúmulo de información lleva al nutricionista Miguel Aganzo Yeves, de los hospitales madrileños Fundación Jiménez Díaz y Rey Juan Carlos, a afirmar que “la flora intestinal es un componente más a tener en cuenta en el tratamiento de las enfermedades”.
¿Podemos modificarla? “Es posible que se pueda modular a través de la comida, y que contribuya en los tratamientos, pero lo más relevante es tener la capacidad para crear un entorno favorable, que promueva la colonización de una microbiota saludable”, añade el nutricionista, y recomienda "seguir unas pautas dietéticas sanas”. Por todo ello, si quiere mejorar la composición de su flora, debería evitar (o limitar) estos alimentos:

1. Bollería industrial

Hay que huir de las dietas ricas en grasas saturadas. “Las comidas precocinadas y la mayoría de alimentos envasados suelen llevarlas. Y los aceites de palma y coco, si se consumen en exceso, también pueden alterar la microbiota”, apunta el nutricionista. Aganzo insiste en que el problema "son los estilos de vida basados en comidas con exceso de grasa. Por comer ocasionalmente algo que no sea muy saludable no se va a alterar nada”. Y viceversa: “Consumir yogures mejora la diversidad de la flora intestinal, pero hay que tomarlos regularmente. Por hacerlo un día no se consigue nada”, recalca.

2. Helados

Esta recomendación, con el sol dando de plano, no es la que nos gustaría oír. Pero que no cunda el pánico: hace referencia a los helados industriales. Y se extiende también a las mayonesas. Concretamente, a los emulsionantes que contienen estos productos, que "son los aditivos que se emplean en la fabricación industrial, para dar una textura cremosa a un alimento que contiene grasa”, explica el especialista. Y añade: “Se desconocía si podían afectar negativamente a la salud humana, hasta que se ha descubierto cómo alteran la microbiota”. En este sentido, una investigación liderada por la Universidad Estatal de Georgia (EE UU) señala estos emulsionantes como responsables de cambios en la flora, que pueden favorecen la aparición de cáncer colorrectal.

3. Edulcorantes artificiales

Tomar dosis continuas de aspartamo (el edulcorante que más se utiliza en la industria alimentaria), aunque sea en poca cantidad, modifica la composición de la flora y podría alterar la resistencia a la insulina (favoreciendo la aparición de diabetes), apunta una investigación coordinada por la Universidad de Calgary (Canadá). La sucralosa, por su parte, reduce esa microflora (el descenso se mantiene durante semanas) y aumenta el pH fecal, lo que dificulta la absorción de algunos medicamentos tomados por vía oral.
Capítulo a parte merecen las carnes de animales que han recibido antibióticos, que también pueden disminuir la variedad de especies que contiene la flora y, en definitiva, aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el intestino.
Sin duda, el estudio de esa numerosa comunidad bacteriana será en el futuro una pieza fundamental de la medicina personalizada. Muchas veces, una muestra de heces, en lugar de una de sangre, será suficiente para que el médico prescriba cambios en nuestra dieta con el objetivo de atajar problemas metabólicos. Así lo afirma un estudio realizado por la Universidad Estatal de Luisiana (EE UU) en el que queda claro que la variedad de alimentos (sanos) es la piedra angular para mantener su segundo cerebro saludable.