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lunes, 17 de abril de 2017

Estadísticamente, una hora de correr puede añadir siete horas a tu expectativa de vida

Correr puede ser el ejercicio más efectivo para incrementar la expectativa de vida, de acuerdo con una nueva revisión y análisis de investigaciones pasadas sobre el ejercicio y la muerte prematura. El nuevo estudio encontró que, en comparación con quienes no corrían, los corredores tendían a vivir cerca de tres años más, incluso si lo hacían despacio o esporádicamente y además fumaban, tomaban o tenían sobrepeso. Ninguna otra forma de ejercicio examinada por los investigadores mostró impactos similares en la duración de la vida.

Los hallazgos provienen del seguimiento a un estudio realizado hace tres años, en el que un grupo de distinguidos especialistas en Ciencias del Deporte analizó detalladamente los datos de una gran colección de pruebas médicas y de condición física llevadas a cabo en el Instituto Cooper de Dallas. Ese análisis encontró que incluso cinco minutos diarios de carrera se asociaban con más años de vida.
Después de la divulgación de ese estudio, los investigadores recibieron una ola de preguntas por parte de otros científicos y del público en general, señaló Duck-chul Lee, profesor de kinesiología en la Universidad Estatal de Iowa y coautor del estudio. Algunas personas querían saber si era probable que otras actividades, como caminar, eran tan benéficas como correr para reducir los riesgos de mortalidad.
Los corredores de fondo se cuestionaban si tal vez estaban corriendo de más, y si después de cierta cantidad de kilómetros u horas de correr la actividad podría resultar contraproducente e incluso contribuir a una muerte prematura.
Unos cuantos preguntaban si correr realmente aumentaba los años de vida de las personas. ¿Podría ser, preguntaban de forma no muy amable, que para reducir tu riesgo de morir tuvieras que pasar el equivalente del tiempo que hubieras ganado de vida en los caminos o pistas, obteniendo una nula ganancia neta?
Así que, para el nuevo estudio, publicado el mes pasado en Progress in Cardiovascular Disease, el doctor Lee y sus colaboradores decidieron abordar esos y otros asuntos relacionados analizando de nuevo los datos del Instituto Cooper, y también examinando los resultados de varios estudios recientes a gran escala para encontrar la relación entre el ejercicio y la mortalidad.
En general, esta nueva revisión reforzó los hallazgos de la investigación anterior, según determinaron los científicos. En forma acumulativa, los datos indicaron que correr, sin importar el ritmo o la distancia, reducía el riesgo de muerte prematura para cualquier persona casi en un 40 por ciento, un beneficio que seguía siendo cierto incluso cuando los investigadores usaron grupos de control para comparar entre fumadores, bebedores, y personas con antecedentes de problemas de salud tales como hipertensión u obesidad.
Con base en esas cifras, los científicos determinaron luego que, si todos los no corredores que habían participado en los estudios revisados hubieran practicado este deporte, habría habido un 16 por ciento menos de muertes en general, y un 25 por ciento menos de infartos mortales (hay una reserva respecto de estos estudios: la mayoría de los participantes eran blancos de clase media).
Quizá lo más interesante es que los investigadores calcularon que, por hora, correr le da estadísticamente más tiempo de vida a las personas del que les consume esta actividad. Calculando dos horas a la semana de entrenamiento —puesto que ese fue el promedio informado por los corredores en el estudio del Instituto Cooper—, los investigadores estimaron que un corredor típico pasaría menos de seis meses realmente corriendo durante el transcurso de casi 40 años, pero podría esperar aumentar su esperanza de vida por 3,2 años, lo que da una ganancia absoluta de cerca de 2,8 años.
En términos concretos, una hora de correr alarga estadísticamente la expectativa de vida por siete horas, informaron los investigadores.
Por supuesto, Lee señala que estas añadiduras “no son infinitas”: correr no hace a la gente inmortal. Las ganancias en la esperanza de vida llegan al tope aproximadamente a los tres años extra, sostiene, por más que la gente siga corriendo.
Las buenas noticias son que correr de manera prolongada no parece ser contraproducente para la longevidad, continuó, de acuerdo con los datos que él y sus colegas revisaron. Las mejorías en la expectativa de vida por lo general se estancan alrededor de las cuatro horas de correr a la semana, dice el Dr. Lee, pero no declinan.
Por su parte, los investigadores encontraron que otros tipos de ejercicio también beneficiaron confiablemente la esperanza de vida, pero no al mismo grado que correr. La caminata, el ciclismo y otras actividades, aunque requirieran el mismo esfuerzo que correr, por lo general reducían el riesgo de muerte prematura por cerca del 12 por ciento (aclaro mi propio sesgo: corro pero también me encanta andar en bicicleta y caminar con mis perros todos los días).
La razón por la que correr es tan singularmente poderoso en contra de la muerte temprana sigue siendo incierta, asegura Lee. Sin embargo, dice que es probable que combata muchos de los factores de riesgo comunes de la muerte súbita, incluyendo la hipertensión y el exceso de grasa corporal, en especial alrededor de la cintura.
También afirma que incrementa la condición aeróbica y una buena condición aeróbica es uno de los indicadores más reconocidos de la salud a largo plazo de un individuo.
Es claro que los hallazgos de esta nueva revisión son asociativos; eso significa que son prueba de que quienes corren también tienden a ser personas que viven más tiempo, pero no es que correr provoque directamente el aumento en la longevidad. En general, los corredores también llevan vidas saludables, señala el Dr. Lee, y sus estilos de vida pueden desempeñar un papel muy importante en la mortalidad.
Incluso tomando en cuenta esa posibilidad, dice, los datos sugieren que correr sí podría añadir años a nuestras vidas.

viernes, 24 de marzo de 2017

Llegan los psicobióticos: bacterias para mejorar la salud mental



Demuestran el potencial de algunos microorganismos para tratar diferentes trastornos mentales. Pero los científicos advierten que es un área de estudio muy incipiente, donde escasean los ensayos con humanos.



Tomas una píldora para aliviar la ansiedad. Lo que no te esperas es que su principio activo sea una bacteria que vaya directa a tu intestino y desde ahí avise al cerebro para calmar tus nervios. Es un psicobiótico. 
Uno de los mayores desafíos de la neurociencia actual es conocer los entresijos del cerebro humano. Estados Unidos y Europa han puesto en marcha sendos proyectos que darán sus frutos de aquí a una década. Los resultados alimentarán al mayor ejército desplegado jamás. Desde un lugar totalmente desapercibido y sin que te des cuenta, estos soldados controlan tu apetito, tu comportamiento e incluso tu salud mental. Hablamos de la microbiota que puebla tus tripas.


«Nuestros cuerpos son un complejo ecosistema en el que las células representan un insignificante 10% de la población. Más allá de los números, hoy conocemos sus sorprendentes diferencias», explicaba a finales de 2012 Thomas Insel, entonces director del Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos (NIMH, según sus siglas en inglés). Y este era su pronóstico para el futuro: «Una de las grandes fronteras de la neurociencia clínica de la próxima década será averiguar cómo influye la diversidad del mundo microbiano en el desarrollo del cerebro y en el comportamiento».
Las mariposas que sientes en el estómago cuando te enamoras y (algo menos romántico) esos inoportunos retortijones antes de un examen son dos ejemplos de la conexión que existe entre el sistema gastrointestinal y la mente.


Los probióticos suelen ser bacterias de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium y pueden tomarse en cápsulas o sobres (de venta en farmacias) o ir incluidos en determinados alimentos que se encuentran en los supermercados.
En cambio, los prebióticos son alimentos que no nos nutren directamente a nosotros, sino a las bacterias y otros microorganismos que viven en nuestros intestinos y nos provocan un efecto positivo. Un ejemplo de prebióticos son algunos tipos de fibra.

En 2013 Ted Dinan, definió a los psicobióticos. «Son bacterias que cuando se ingieren en cantidades adecuadas mejoran la salud mental», explica a Sinc el padre del término.
El principal problema de esta nueva expresión es que se apoya, sobre todo, en estudios realizados in vitro y en animales, por lo que los científicos muestran cautela a la hora de valorar cualquier resultado que pueda parecer prometedor.
«Los datos que se poseen hasta el momento sobre psicobióticos se basan en estudios preclínicos con ratones y aún se desconoce mucho sobre los mecanismos de acción», matiza Peláez. En su opinión, es necesario profundizar en estos estudios y asegurarse de la eficacia y seguridad de uso antes de realizar ensayos clínicos con fines terapéuticos.
El misterioso camino de las tripas a las emociones
La gran pregunta es cómo llegan los psicobióticos a tener efectos sobre la psique. Una posibilidad que barajan los científicos es que los microorganismos actúen directamente sobre el sistema nervioso entérico –encargado de controlar el aparato digestivo– que, a su vez, se comunica con el cerebro. Otra opción es que regulen el sistema inmunitario intestinal, el cual modula el sistema nervioso central.
«La tercera vía se basa en la producción de metabolitos que se distribuyen en el cerebro y son beneficiosos», declara a Sinc Paul Enck, miembro del Comité Directivo de la Sociedad Europea de Neurogastroenterología y Motilidad (ESNM, por sus siglas en inglés). En opinión del investigador, para llegar al cerebro los microorganismos podrían utilizar solo uno de estos tres caminos o varios a la vez. «Quizá haya más vías que se descubrirán en el futuro», opina. 
Antes de llegar a ese punto, un equipo de científicos –entre los que se encuentra Dinan, el padre del concepto– ha planteado una pequeña revolución para concienciar sobre el papel de estas bacterias en la mente. Su propuesta es ampliar la definición de psicobiótico a todo aquello que, a través de cambios en la microbiota intestinal, consiga efectos psicológicos, sin tener que ser necesariamente un microorganismo vivo.
Esto significaría incluir a los prebióticos, pero también al ejercicio físico y la dieta, «que afectan a las comunidades bacterianas en el intestino e influyen en estado de ánimo y en la cognición», considera Philip Burnet, autor principal del trabajo en el que se basa la propuesta e investigador del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oxford (Reino Unido).
Tras revisar más de un centenar de trabajos sobre psicobióticos (la mayoría  realizados en animales), los investigadores admiten que las limitaciones de los estudios son numerosas, «lo que obliga a frenar el entusiasmo y a incentivar nuevas investigaciones». Se desconoce, por el momento, si el consumo de estas bacterias puede tener efectos secundarios o si afectan por igual a hombres y mujeres.
En cuanto a la edad, parece que tanto los menores como los ancianos son las personas a las que más influirían este tipo de sustancias. «El período prenatal, posnatal y toda la infancia son críticos en el desarrollo del sistema nervioso, cerebral e inmunitario, que se ven muy afectados por la microbiota intestinal», indica Peláez. En el caso de los mayores, al volverse más sensibles a los cambios fisiológicos necesitan mantener una buena salud intestinal.

jueves, 9 de marzo de 2017

Las dos leyes que ayudaron a Japón a tener uno de los índices de obesidad más bajos del mundo

Fuente: BBC Mundo - Inma Gil Rosendo

La lista de los 50 países del mundo con el índice de obesidad más bajo está poblada de naciones que luchan contra la pobreza, el hambre, la inseguridad o todo a la vez. Pero en el número 38, entre Mali y Zimbabue, destaca un país que no encaja con el resto del cuadro: Japón.
Con sólo un 3,5% de obesidad entre la población adulta, Japón es, de lejos, la nación desarrollada con el índice más bajo.
Si se compara con otros miembros del G8, el grupo de países con las economías más industrializadas del planeta, las diferencias son enormes: Alemania, Francia e Italia tienen entre 21% y 22%, Reino Unido un 26% y casi en el otro extremo de la clasificación mundial está Estados Unidos, con un 33,6%.
El nivel de obesidad de Japón es tan bajo que el gobierno prefiere planificar sus políticas de acuerdo con el nivel de sobrepeso, para que los números sean más altos.
En BBC Mundo hablamos con Katrin Engelhardt, experta en nutrición para la región del Pacífico Occidental de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sobre cómo Japón ha logrado mantener un nivel bajo de obesidad y sobrepeso en todas las edades de la población.

"Salud Japón 21"


Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionEl nivel de obesidad de Japón es tan bajo que el gobierno prefiere planificar sus políticas de acuerdo al nivel de sobrepeso.

Detrás del "éxito japonés", destaca Engelhardt, hay un gobierno comprometido en sus políticas a mantener a raya el sobrepeso, invirtiendo recursos sustanciales en programas de nutrición y de educación para la salud pero también en leyes específicas.
Todas estas medidas forman parte de una campaña nacional para la promoción de la salud llamada Salud Japón 21.
Entre esas medidas, la experta en nutrición destaca dos leyes que han sido exitosas en frenar la obesidad.

La ley Shuku Iku, para la educación de los niños


Derechos de autor de la imagenEPA
Image caption"En algunas culturas asiáticas la comida siempre se ha considerado como algo casi medicinal", dice Katrin Engelhardt.

"Esta ley tiene un nombre bastante profundo", explica Engelhardt. Shuku hace referencia a la comida, a la dieta y al comer e Iku hace referencia a la educación intelectual, moral y física.
El objetivo de esta norma es incrementar la información de los estudiantes sobre la cadena alimentaria, sobre la procedencia y la producción de los alimentos, y define la educación sobre nutrición desde los primeros años pre escolares hasta secundaria.
La ley Shuku Iku, vigente desde 2005, determina procesos como:
  • Los menús saludables en las escuelas.
  • La contratación de nutricionistas profesionales que además tienen titulación de profesores y dan clases específicas sobre alimentación.
  • La promoción de una cultura social alrededor de la comida: los niños ayudan a preparar y a repartir la comida en el colegio, cada día a la hora de comer transforman la clase en una suerte de restaurante, ayudan a poner la mesa, el mantel, se sirven unos a otros y comen juntos en la clase. Mantienen la idea de que "comer es un acto social", dice Engelhardt.
Además, explica la experta en nutrición, en Japón no hay tiendas ni máquinas expendedoras de comida dentro de los colegios así que los alumnos difícilmente puedan conseguir tentempiés que no son saludables, como papas fritas o refrescos azucarados.

La ley Metabo, para controlar el peso en adultos


Derechos de autor de la imagenSPL
Image captionLas empresas japonesas celebran un día anual en el que miden la cintura de sus empleados.

Otra legislación que Engelhardt destaca para explicar el éxito japonés es la ley Metabo (de metabolismo), que anima a los adultos entre 40 y 75 años a hacerse una medición anual del contorno de la cintura.
Según la OMS una circunferencia de mas de 94 para los hombres y de más de 80 para las mujeres conlleva un mayor riesgo de complicaciones metabólicas, como enfermedades cardiovasculares.
Estas mediciones las promueve la administración pública de salud pero también las empresas.
"Los empleadores tienen un día anual claramente identificado en el que todo su personal debe medirse la circunferencia de la cintura", explica la experta de la OMS.
Si las medidas no son saludables las empresas animan a los empleados a acudir a sesiones de ayuda y a hacer más ejercicio.
El objetivo de la ley es animar a los adultos a ser más conscientes de lo que es un peso saludable y a ser físicamente activos. En el marco de la Ley Metabo:
  • Las compañías promueven los descansos de los trabajadores para hacer ejercicio. Algunas compañías tienen gimnasios o canchas de badmington para que los empleados puedan hacer ejercicio fácilmente durante la hora del almuerzo o antes o después del trabajo.
  • Se anima a los empleados a acudir al trabajo caminando o en bicicleta y el gobierno promueve la seguridad de las vías para ciclistas para facilitar el ejercicio.

Comida tradicional y porciones pequeñas


Derechos de autor de la imagenChef preparando sushi durante una competición mundial

Pero además de las medidas legislativas, existen peculiaridades culturales que ayudan a los japoneses a mantener el peso a raya.
Igual que en otras sociedades asiáticas como Corea del Sur, -que también tiene un índice de obesidad muy bajo (4,6%), en Japón se le da mucha importancia a la comida tradicional.
"El énfasis se pone en la comida fresca, de producción local", destaca Katrin Engelhardt.
Los japoneses están muy orgullosos de los pequeños terrenos y de las huertas suburbanas donde producen sus alimentos de manera natural.
"En algunas culturas asiáticas la comida siempre se ha considerado como algo casi medicinal", dice la experta en nutrición.
Además, destaca un factor cultural que también tiene su impacto: la predilección histórica por las porciones pequeñas.
"En Japón en los eventos familiares, en la cocina tradicional, se sirven muchos platos en porciones pequeñas, con muchos vegetales y con mucha comida fresca", explica Engelhardt.
Mientras que por ejemplo en las islas del pacífico que tienen los índices de obesidad más altos del mundo, Tonga, Palau, Nauru, Niue y Cook Islands (más del 40%), las porciones son gigantescas, y eso, además, se combina con un nivel de actividad extremadamente bajo.

¿CUÁLES SON LOS PAÍSES DE AMÉRICA LATINA CON EL ÍNDICE DE OBESIDAD MÁS BAJO?
1. Haití:6,7%
2. Honduras: 12,3%
3. Bolivia: 12,4%
4. Nicaragua: 12,6%
5. Guatemala:13,4%
¿CUÁLES SON LOS PAÍSES DE AMÉRICA LATINA CON EL ÍNDICE DE OBESIDAD MÁS ALTO?
1. Argentina26,7%
2. Chile: 24,8%
3. México: 23,7%
4. Uruguay23,5%
5. Venezuela:21,9%